El revivir
Fueron segundos, segundos interminables y casi inexplicables los que sacudieron la ciudad de Lorca el 11 de mayo del 2011. Ya han pasado cuatro años del fatídico terremoto y serán las palabras las que reconstruirán esa pesadilla que permanece intacta entre los lorquinos. Sin embargo, las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma.
Resulta complicado abrir el corazón de las víctimas de la tragedia después de tanto tiempo porque revivir el momento supone una pesadilla. Guillermina López González es dueña de una peluquería situada en pleno centro de Lorca. Sus palabras duelen y queman con rabia a la vez que salen de su boca de manera titubeante y casi sin aliento. Para ella es inevitable emocionarse mientras cuenta su historia.
Actualmente, Guillermina se echa el peso de la culpa del fallecimiento de su cuñada. Su marido y ella tenían una vinoteca y estaban fuera de Lorca repartiendo un pedido, pero Guillermina los llamó para que volvieran a ver a su hijo que estaba solo con su abuela. El niño es sordomudo y a raíz del terremoto perdió parte de la visión.
La peluquera se arrepiente de haber hecho esa llamada telefónica y solo de pensar que cinco minutos antes del terremoto había estado hablando con su cuñada hace que sus lágrimas inunden su rostro. Dice sentirse fuerte e intenta vivir el día a día con el apoyo de su familia y con el trabajo. A veces se pregunta: “¿Bueno, y ahora quién me ayuda a mi? porque a mí el psicólogo no me ayudó en nada e incluso con el sonido del frigorífico me tiemblan las piernas y no puedo evitar sufrir interiormente con cualquier desgracia que pasa”. Para ella el terremoto ha sido y será un trauma para toda la vida.
Las siete menos cuarto pasadas y como
cada tarde, Antonia García Bayonas se dispone a coger el secador para
peinar a una señora. Pero el temblor y la caída de las cosas de las estanterías
hicieron que Antonia y su ayudante, Mari, salieran corriendo por instinto a la
calle. A partir de este momento la vida de estas dos peluqueras cambiará para
siempre.
Mari, madre de dos niños pequeños, queda inválida y hace su día a día gracias a una prótesis que le ayuda a llevar una vida “normal” pero sabiendo que nunca más podrá volver a la peluquería. Para ella su trabajo ha sido un sueño desde que era una niña, tenía ilusión por continuar aprendiendo y disfrutando de su oficio pero en estas circunstancias sabe que nunca más podrá trabajar como peluquera porque las eternas horas de pie son imposibles para ella.
Antonia
tuvo “más suerte”, ella quedó inconsciente porque todos los cascotes le cayeron
en la cabeza, el resultado fue: 40 puntos y cinco meses convalecientes.
Actualmente, tiene tres vertebras dañadas,
sufre vértigos y no deja de preguntarse: “¿Cómo sigo viva?”. Después de todo lo que ha pasado, las palabras de Antonia son firmes y directas, símbolo de la fortaleza que le ha acompañado durante estos años de superación. Ambas
han recibido 18.000 euros de ayuda del consorcio, pero como Antonia dice: “Eso
no tiene precio”. Asegura que el sistema de funcionamiento de la peluquería ya
no tiene nada que ver a como era antes y su vida ya no es la misma.
Cuando sucedió el terremoto el desconcierto era tal que la gente no sabía si podría volver a su casa o no. Los agentes de seguridad y movilidad de Lorca actuaron con eficacia y desplazaron a la población a un recinto ferial a las afueras, donde el riesgo era menor en el caso de que se produjera otro temblor.
Mucha gente pasó la noche en este recinto esperando a que el caos se calmara y poder volver a sus casas y ver cómo se encontraban sus hogares. Sin embargo, la mayor parte de lorquinos cuenta con una segunda vivienda en la ciudad costera de Águilas y fueron allí hasta que consiguieron centrarse y asimilar todo lo que había pasado. Fue el caso de Isabel García Aguilera y su familia que tuvieron que irse a su segunda vivienda en la ciudad vecina de Águilas. Su padre, enfermo de cáncer, y su madre, grave de alzhéimer, perdieron su vivienda porque la catalogaron en ruinas.
Mucha gente pasó la noche en este recinto esperando a que el caos se calmara y poder volver a sus casas y ver cómo se encontraban sus hogares. Sin embargo, la mayor parte de lorquinos cuenta con una segunda vivienda en la ciudad costera de Águilas y fueron allí hasta que consiguieron centrarse y asimilar todo lo que había pasado. Fue el caso de Isabel García Aguilera y su familia que tuvieron que irse a su segunda vivienda en la ciudad vecina de Águilas. Su padre, enfermo de cáncer, y su madre, grave de alzhéimer, perdieron su vivienda porque la catalogaron en ruinas.
En el momento del terremoto, el padre de Isabel salió de casa con la sonda puesta pero sin medicamentos y tuvieron que desplazarse hasta el hospital de Águilas donde le cambiaron la sonda y le suministraron los medicamentos pertinentes. A los días siguientes vieron que habían entrado en su casa y les habían robado: el microondas, comida, cubiertos, la antena parabólica, etc.
Antes de dar el edificio en ruinas el sobrino
de Isabel, policía local, pudo entrar y coger la escritura del piso, un traje de su padre y la paga del mes de su madre. Tan solo estas cosas formarán parte de los tantísimos años, recuerdos e historias vividas en ese hogar. Isabel piensa que si ella pudiese volver a ese 11 de mayo: "Le daría importancia a muchas cosas que pasas por alto. Aunque yo he estado pendiente de mis padres igual lo habría estado más al saber que a los pocos días mi padre se nos fue”. Isabel cuenta su historia como si acabase de pasar, sus palabras suenan como algo muy reciente que no podrá olvidar nunca.
Los arquitectos avisaron a Mercedes para que retirara todo lo que pudiese de su piso porque en agosto lo iban a demoler. Ella ha sido una “afortunada” porque pudo coger recuerdos y algunas cosas de su hogar. Después de estos cuatro años se encuentra esperanzada porque el constructor ha anunciado que le devolverán las llaves en Julio.
Durante todo este
tiempo ha estado viviendo en un piso de alquiler que le ha ido pagando su seguro, la Comunidad Autónoma y la mesa solidaria.
Mercedes dice sentirse esperanzada en volver a su hogar de toda la vida pero no
se encuentra ilusionada porque ahora tiene que amueblar todo el piso y su
seguro le dio 3.000 euros de 20.000 que tenía asegurados.
Cuando le preguntan a Francisco
Jódar Alonso
dónde se encontraba en el momento del terremoto, su respuesta es clara y contundente, asegura que le cuesta muchísimo trabajo hacer el esfuerzo mental de recordar aquello porque dice que es algo que todos los lorquinos quieren olvidar. A simple vista, cuando hablas con Francisco parece una declaración más de un ciudadano de Lorca, pero él es el alcalde de la ciudad.
dónde se encontraba en el momento del terremoto, su respuesta es clara y contundente, asegura que le cuesta muchísimo trabajo hacer el esfuerzo mental de recordar aquello porque dice que es algo que todos los lorquinos quieren olvidar. A simple vista, cuando hablas con Francisco parece una declaración más de un ciudadano de Lorca, pero él es el alcalde de la ciudad.
En el momento de la entrevista, a la
pregunta de si tiene algún familiar víctima de la tragedia, el alcalde contesta
muy rápido que todos los lorquinos han sido damnificados del terremoto y vuelve
a hacer énfasis en todos. Porque asegura que el 90% de las viviendas sufrieron daños. Jódar afirma que en su familia han tenido que reconstruir su
vivienda y la de su madre y que afortunadamente no ha habido heridos pero lo que
sí han tendido son secuencias psicológicas. Porque a pesar del tiempo que ha pasado existe psicosis en Lorca.
Lorca en la actualidad
Haciendo un balance de los cuatro años que han pasado, el alcalde piensa que ya se han dejado atrás el dolor y la rabia para acercarse a la esperanza y a la ilusión de conseguir una nueva Lorca porque “estamos utilizando la herramienta de la recuperación de Lorca para conseguir una Lorca nueva y mejor, con la regeneración de los barrios, la reconstrucción de las viviendas, mucho mejores de lo que eran antes, con eficiencia energética, con más servicios, zonas verdes…”.
Según el alcalde, se derrumbaron
1.250 viviendas ocupadas y actualmente se han reconstruido sobre las 450. El
resto, en su inmensa mayoría, están en reconstrucción aunque hay algunas
pendientes de iniciar el proceso de reedificación. Se queja de cómo están
hechas las leyes porque “ha habido que ir haciendo encaje de bolillos para ir
reconstruyendo puesto que las leyes están hechas para situaciones de normalidad y
no para cuando ocurren desastres de estas características”.
Mientras tanto, la gente que aun no ha podido volver a su hogar sigue de alquiler. Este se paga gracias a ayudas del Estado y de la Comunidad Autónoma aunque “hay algunas tramas burocráticas y se ha tenido que hacer una prórroga de estas ayudas, pero aun así se siguen percibiendo”, afirma Jódar.
Actualmente, el recuerdo sigue intacto entre los lorquinos y aunque Lorca termine siendo una ciudad nueva y reformada, por dentro estará rota de por vida.






